EL PATRIMONIO, CUSTODIO DE LA MEMORIA.

Los edificios antiguos no son únicamente catalogables según un estilo; ni siquiera desde su valoración intrínseca como modelos de arquitectura. Existe una poética relativa a su condición de contenedores; mudos testigos y transmisores de un cierto soplo vital, o “ánima”, que permanece indisolublemente vinculada a su propia historia y viene a ser resumen de la experiencia de vida humana en ellos acumulada.

Su capacidad de evocación no viene dada exclusivamente por la custodia de una cierta memoria colectiva; sino por la palmaria evidencia de una memoria individual mucho más íntima y susceptible de emocionar; aquello que el poeta César Vallejo describiera como “el agente en gerundio y en círculo” y no es otra cosa que el sujeto del acto: la vida.

Mi amigo Santiago Amón, gustaba referirse a aquellos rasgos de intimidad que muestran a veces las medianeras desnudas; para argumentar el verdadero nacimiento de los edificios, …no cuando se acaban de edificar, sino cuando comienzan a habitarse; de ahí, que la valoración del poeta desdeñe aquellos cuyos muros son, de piedra o de acero, …pero no de hombres.

Por ello las intervenciones sobre el patrimonio edificado han de enfocarse siempre desde una sensible actitud de respeto, desde la distancia o proximidad necesarias para reconocer las partes y el todo; para profundizar en el conocimiento del mismo y para entender sus mensajes latentes.

Siempre compartiré el criterio de nuestro maestro Sáenz de Oíza reivindicando el derecho a la transformación de la ciudad, a su legítima libertad de cambio para mostrarse tal cual en cada época; en cierto modo concordante con el romántico “derecho a morir” sostenido por J. Ruskin; pero creo que también hemos de velar por la conservación de cuanto constituye nuestra memoria colectiva; al menos, la más noble. Su conservación no puede ser museística, meramente contemplativa; sino revitalizada, actualizada; como corresponde al fin último de la arquitectura: su utilidad. Por eso es siempre un traje a la medida y en esta servidumbre reside su grandeza; lo que hace del proceso creativo un ejercicio absolutamente único. La atención a tantos parámetros dispares, es lo que va configurando la fisionomía, el gesto y el perfil del personaje. En definitiva …un ejercicio extraordinariamente enriquecedor.



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