AL BORDE DE LA CRÍTICA. JORNADAS SOBRE TEORIA Y CRITICA DE LA ARQUITECTURA

Ayer tarde acudí al Madrid Roca Gallery, que por cierto se esta convirtiendo en un activo foro de debate entorno a la arquitectura; interesado en saber qué puede decirse hoy sobre el ejercicio de la crítica especializada en esta materia, por parte de dos expertos bien localizados -Anaxu Zabalbeascoa y Fredy Massad- y otros dos, también solventes -Francisco González de Canales y Néstor Montenegro-, aunque de no tan conocido perfil para mí.
Debo reconocer que partiendo de un inicial escepticismo, la exposición de cada uno y, sobre todo, el posterior debate; han conseguido moverme a escribir unas líneas, tras una breve reflexión en la que se renuevan algunas convicciones.
La referencia histórica de Benévolo, Giedion y los Tafuri, Frampton, etc. sirvió ayer como prolegómeno para señalar la relatividad de los juicios -una de tantas aventuras del hombre- y la frecuentemente mala digestión  con que recibimos los arquitectos cualquier crítica adversa. Asimismo y, con encendida pasión, se enarboló ayer en el debate la ocasional personalización de la crítica; como un ejercicio de castigo hacia algunos autores bien conocidos; a lo que yo me atrevo a añadir que, en efecto; el personalismo de algunas realizaciones sugiere inevitablemente y de forma paralela una crítica asimismo personal e intransferible; cuando por parte de algunos se insiste en acuñar y difundir precisamente una imagen de marca o sello de la casa que caracterice cualquiera de sus edificios; con independencia de que sea un museo, un auditorio o un hospital y se encuentre en Madrid, Estocolmo o Sebastopol; renunciando al privilegio de unicidad o alta costura que la arquitectura ofrece siempre como un traje a la medida.
Muy digna de agradecer y aplaudir, la confirmación de la perversa endogamia en la que vive nuestro oficio en determinados niveles y la clamorosa demanda de una visión exógena que traiga un poco de aire fresco a tan indigesta reiteración de una arquitectura para arquitectos, cerrada en sí misma; que pregona el desdén con el que nuestra arrogancia pretende tomar distancia con la sociedad de nuestro tiempo, en detrimento de las muy diversas responsabilidades que se asumen en esta profesión y cuyas consecuencias estamos pagando.
Asimismo muy digna de agradecer, resulta la confirmación de la frecuente utilización de la crítica especializada como medio de merchandising por parte de aquellos que aspiran a situarse en la lista A, -ya sabíamos que hay varias listas-.  Esfuerzo, a veces imprescindible, para penetrar los cerrados círculos concéntricos en los que se distribuye y posiciona la élite en este maravilloso oficio, ostentando alternatrivamente la condición de jurado como “arquitecto de prestigio”, con el de “concursante selecto” por invitación. Concursos entre cuyos jurados no suelen encontrarse otros actores distintos, cuyo conocimiento concreto pudiera otorgar al resultado un enfoque más completo y exigente, comenzando por la misma funcionalidad, frecuentemente penalizada en aras de aspiraciones iconograficas; cuando creo que el valor supremo de cualquier obra de arte pura o aplicada reside precisamente en su sinceridad existencial; sinceridad por supuesto contraria a una gestualidad caprichosa y sin argumento.
Comprendemos que las presentes circunstancias parecen haber cerrado un ciclo y el ejercicio profesional está sumido en un ayuno forzoso que nos impone descubrir nuevas vías para continuar; distintas a la proyección y construcción del espacio público o privado, que ha sido y aún es nuestro más evidente let motiv. Por ello, creo surgen nuevas iniciativas que merecen calificarse como tales, en vez de pretender una suerte de impostura indigerible para un colectivo que reconoce perfectamente sus funciones
También resulto la tarde interesante por el análisis sobre la presunta decadencia de la crítica, inducida en parte por el uso de las nuevas tecnologías y la definitiva entronización de la arquitectura en esa cultura de la imagen que la banaliza y simplifica; automatizando en un “me gusta” el análisis de cualquier edificio sobre una buena y epatante foto. Reduccionismo ajeno a esa percepción difusa sobre la que hablara W. Benjamin, señalando la condición espacial y temporal de la arquitectura como circunstancias intrínsecas a su vivencia y experimentación. Por lo que a mí respecta, no creo que la obra de arquitectura pueda ser ajena a la crítica y menos aún, aquella que adquiere por su uso, naturaleza, escala o enfoque proyectual, una condición pública; por no hablar de la condición pública de sus autores, a través de su propio talento y, a veces también, a través de la difusión mediática de sus obras.
Hace muy poco un amigo me decía, …la arquitectura que no se publica, no existe. Seguramente tiene razón.


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