Rehabilitación del Palacio Longoria

El proyecto y la obra (1993) sobre tan curioso modelo modernista todavía despierta un gran interés entre aficionados y curiosos de la arquitectura.

No resulta frecuente, tener que abordar intervenciones de rehabilitación sobre modelos tan cronológicamente próximos (proyecto de 1902, obra 1905), máxime cuando han estado en uso durante toda su vida, aunque esta condición ventajosa que garantiza en principio su mantenimiento, es al tiempo servidumbre para el edificio que sufre importantes transformaciones ligadas a la presión funcional.

Se trata de un curioso modelo de arquitectura modernista, inédito en un Madrid que vive bajo la influencia conservadora de la Real Academia de Bellas Artes y responde a la traza de un arquitecto cuya obra se mueve más en el neobarroco francés de principios de siglo. Las características formales del palacio Longoria conducen a pensar que responden más a la voluntad de su propietario, que a la convicción de su arquitecto José Grases Riera. Distinguido personaje del mundo financiero madrileño y viajero curioso por la novedad, Longoria conoció sin duda la obra de Victor Horta en Bruselas, también la de Hector Guimard en París y la de Otto Wagner en Viena, además de la explosión modernista de la Barcelona de principios de siglo.

Exterior Palacio Longoria / Santiago Fajardo

Semejante revolución estilística, coincidente con el impresionismo pictórico; se limitó a oponer una nueva fuente de inspiración formal ajena a los tradicionales estilos históricos y aprovechar asimismo el descubrimiento de las posibilidades que ofrecía el empleo de la estructura de esqueleto; lo que permitió una libertad de planta hasta entonces incompatible con las tradicionales estructuras murarías. Su vida breve, quedó determinada por el rumbo de los acontecimientos y el más profundo calado de las transformaciones que en aquel momento estaban teniendo lugar. En el 1907 Picasso pinta “Las señoritas de Avignon” y en 1910 Adolf Loos construye en Viena la casa Steiner, primer ejemplo en Europa de una vanguardia racionalista en arquitectura.

La situación del edificio en su estado anterior a nuestras obras era ciertamente crítica, con graves patologías en la piedra artificial de su fachada, el masivo implemento de antiguas consolas de aire acondicionado en todos los huecos de fachada, la perforación exhaustiva de sus estructuras murarías como consecuencia de diversas transformaciones en su distribución, la existencia de una construcción de planta baja sobre el espacio que ocupara el primitivo jardín interior y a escasa distancia de sus fachadas traseras, la precariedad de sus instalaciones generales y el acondicionamiento interior, la completa pérdida de sus acabados originales, etc.

Por todo ello, el proyecto hubo de contemplar la necesaria clarificación del espacio, recuperando las concluyentes trazas originales y la eliminación de los añadidos de todo tipo, que se realizó tras una completa investigación histórica y la caracterización de sus materiales; dentro de una metodología rigurosa que comprendió la citada regeneración espacial, la restauración de sus fachadas, la readaptación ergonómica del programa de uso, el implemento de nuevas instalaciones generales, la recuperación del jardín con la demolición del cuerpo añadido y finalmente la recuperación de los acabados nobles en su interior con mármoles y estucos.

Lucernario Palacio Longoria / Santiago Fajardo

Fue necesaria su adaptación normativa y asimismo la consolidación y refuerzo de sus estructuras. De modo por completo infrecuente, diseñamos cortinas muebles, espejos, pinturas en un ejercicio total que creemos ha redundado en la coherencia del conjunto.

El asesoramiento a la propiedad sobre las estrategias más eficientes en el desarrollo, contratación y dirección de la obra, dieron como resultado que la intervención, concluida en 1993 y que abarca 4.400 m2, se realizó en 15 meses con un costo de 546 millones de pesetas (3,28 millones de euros); lo que ha comportado por nuestra parte un elevado nivel de compromiso profesional y personal.

Concluir señalando que los edificios antiguos, no son únicamente catalogables según un estilo, ni siquiera desde su valoración intrínseca como modelos de arquitectura. Existe una poética relativa a su condición de contenedores, mudos testigos y transmisores de un cierto soplo vital o ánima, que permanece indisolublemente vinculada a su propia historia y viene a ser resumen de la experiencia de vida humana en ellos acumulada. Aquello que el poeta César Vallejo describiera como “el agente en gerundio y en círculo” y no es otra cosa que el sujeto del acto: la vida. Con ello se explica la extraordinaria capacidad adictiva de los edificios antiguos y la convicción de que trabajar sobre ellos sea siempre un ejercicio de arquitectura apasionante.

Santiago Fajardo



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