AUDITORIOS Y TEATROS, HOY: UNA DIRECCION DE ORQUESTA

Los grandes teatros del siglo XIX, frecuentemente nacidos como teatros de producción y por ello con demandas logísticas y operativas de gran entidad, son edificios donde; dejando a un lado el binomio sala-caja escénica y sus áreas complementarias; el espacio restante se dedica a la circulación y exhibición del espectador en los entreactos. Espléndidos salones y majestuosas escaleras se conciben con el carácter de galería pública para el acontecimiento social; pero no existen servicios diversificados para la satisfacción del espectador desde una experiencia contemporánea más completa y atractiva en el hecho de acudir a un espectáculo. De entonces a ahora se han sucedido decisivos cambios, tanto en el formato y presentación de los espectáculos, como en la necesaria homologación de las infraestructuras necesarias para hacerlos girar, en orden a la viabilidad de las producciones. Espectáculos progresivamente complejos, paralelamente a los cuales se ha producido una necesaria modernización tecnológica que ha renovado todos los recursos de las cajas escénicas y, en buena parte, debidos al progresivo nivel de participación y creatividad de los escenógrafos. Hoy lo verdaderamente decisivo es la demanda de unas infraestructuras multifuncionales, donde el espacio escénico, aún siendo el elemento principal, es una parte más de un complejo programa en el que se incluyen otros complementos que proporcionan a los centros culturales una amplia oferta de servicios que garantiza la sostenibilidad de su explotación.

Estos proyectos complejos han de ser necesariamente obras corales, que deben analizarse  desde una visión poliédrica y asimismo, con una respuesta multidisciplinar. Contar con un abanico de especialistas en el estudio de cada uno de los aspectos que confluyen en el conjunto resulta fundamental, pues los asesores en la gestión cultural son de valiosa contribución para exprimir las posibilidades del emprendimiento. Sus inputs son fundamentales para enfocar adecuadamente el proyecto y, en interacción con los promotores, concretar el programa más eficiente; incluso deduciendo también las condiciones relativas al equipamiento más idóneo. Una vez definido el programa, creo que siempre es necesario escribir antes de dibujar; algo así como racionalizar el ámbito de lo vago, de lo etéreo; escribir sobre los conceptos e ideas que han de estar presentes en el edificio, es decir; sobre los verdaderos contenidos, en vez de ser prisioneros de una propuesta formal prematura cargada de servidumbres. Un proyecto es un proceso de exploración del espacio y es por tanto un camino abierto hacia lo desconocido. Perderse en esa aventura y no ponerse límites ha sido siempre el mensaje a mis colaboradores, porque experimentar significa la posibilidad de descubrir.

Una experiencia de años proyectando y construyendo dentro de esta temática, ha permitido a ESF Santiago Fajardo acumular una amplia biblioteca de soluciones concretas sobre los elementos fundamentales del programa; lo que facilita la elaboración de estudios preliminares sobre conjuntos complejos con el mayor rigor y exactitud; porque, previamente, se garantiza el cumplimiento del objetivo funcional con el correcto diseño y engranaje de los elementos fundamentales de esa maquinaria; lo demás es complementario y puede encuadrarse dentro del ámbito compositivo, estético, discrecional. Trabajar hoy con tan vanguardista tecnología informática, permite proyectar en tres dimensiones con modelos completos e integrar cuantos componentes van a formar parte del edificio; lo que facilita su coordinación en armonía, anticipándonos a posteriores situaciones conflictivas. Ese mayor control sobre el proyecto representará siempre una interesante garantía para el cliente.

Por otra parte, debemos tratar de ofrecer algo más de lo habitual. Hoy en día, el papel del arquitecto no puede ser el de un mero diseñador cuya actividad se anticipa e impone al resto de agentes que vienen después, porque no se les ha convocado previamente. Aquí reside a mi juicio la diferencia: no puede haber consultores que inicien su colaboración con la película ya empezada. Por eso nuestro papel debe tratar de ser más amplio, incorporando desde el inicio un abanico de servicios que creo necesario para la consecución de los objetivos.

Nuestro trabajo no puede ser ajeno a esa condición universalizante, que siempre ha presidido la creación de los arquitectos. A mi modo de ver, el arquitecto no tiene porqué ser un especialista, sino un humanista; aquel capaz de comprender la generalidad del todo como algo más que una suma de las partes, con el objetivo de obtener el mayor grado de satisfacción posible en el público; haciendo que el hecho de acudir a un espectáculo sea una experiencia completa y gratificante. Asimismo debemos perseguir la satisfacción de los artistas al punto de que deseen volver por la calidad de sus servicios, confortabilidad de sus espacios, tecnologías disponibles, lugares de ensayo, etc. Debemos perseguir también la satisfacción de los técnicos, haciendo que su trabajo sea más fácil, seguro y eficiente. Incorporar e integrar, esa visión global es nuestro valor añadido y esa debe ser nuestra propuesta.

La sostenibilidad de los nuevos centros culturales está ligada a su adecuación tecnológica, pero también a lo que podríamos llamar su ergonomía tectónica. Para nosotros, cada paisaje tiene una estructura oculta que habla de las tensiones y fuerzas en juego y así, como sostiene A. Siza, la arquitectura nace del encuentro entre la idea y el lugar. Como un árbol, los edificios crecen sobre la tierra y su gesto se configura por ello. Hoy día la tecnología hace posible que los edificios estén dotados de recursos capaces de hacerlos funcionar en cualquier parte del mundo, como una cápsula abstraída de su circunstancia; su contrapartida está en el derroche de energía necesaria para hacerlos viables. Así pues, la experiencia consagra hoy lo que podemos llamar un diseño eficiente en la concepción de los edificios, de manera que el implemento tecnológico y energético necesario para su funcionalidad en este sentido sea mínimo. Un buen aislamiento tendrá siempre excelentes consecuencias sobre el acondicionamiento interior y el grado de apertura o transparencia de un edificio debe medirse en función de diversos parámetros, no solo estéticos, sino de otro rango.

En mi experiencia personal he aprendido que los mayores errores no proceden de la ignorancia, sino de la arrogancia y, por ello, debemos acercamos al tema preguntando directamente a todos los agentes implicados; público, gestores, artistas, técnicos, etc.; porque nos deben interesar los problemas que les aquejan y el lugar donde residen los aciertos que perseguimos. He aprendido a dudar de la superioridad de algunos y a entender que un empeño así solo puede materializarse mediante la contribución de muchos profesionales, desde una arraigada conciencia de equipo; en la experiencia de un grupo humano que ha de  compartir muchas horas de trabajo. Creo que lo más relevante es precisamente eso, coordinar y dirigir un equipo de colaboradores numeroso y diverso; como una orquesta. La construcción de un edificio en este campo debe ser alta costura, a la medida y con la necesaria personalización que imponen muchas circunstancias, intrínsecas y externas.

He aprendido también que nuestra capacidad para ayudar al promotor, no exime a este de la responsabilidad de decidir sobre sus propios objetivos y que muchas dudas e incertidumbres respecto a esto, son generadoras de disfunciones posteriores en diferentes momentos del proceso de letales consecuencias. En resumen, que existen multitud de pequeños matices en todo cuanto hacemos, cuya trascendencia puede ser decisiva en el resultado final y en las condiciones de su explotación. Finalmente señalar mi convicción respecto de la necesidad de modificar los parámetros con arreglo a los que se promueven habitualmente estos edificios. Nuevos planteamientos para tener una arquitectura a medida, más que una arquitectura de autor; ajena a manierismos estereotipados y gestualidad vacía. Una interesante elección para quien quiera aprender que este oficio es …algo más que los fuegos artificiales.

Santiago Fajardo



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