Polivalencia y Tecnología. Configurabilidad del Auditorio

Decía la pasada semana que el desarrollo tecnológico ofrece hoy muy diversas herramientas para la polivalencia de los recintos de espectáculos; señalando en primer término la tendencia entre los promotores de edificios culturales y muy especialmente los teatros y auditorios; en disponer de salas capaces de acoger diferentes eventos, con análogas condiciones de visibilidad, acústica, confort, accesibilidad, etc. Resulta evidente, por muy costoso que pueda ser el implemento tecnológico en tales casos, que siempre resulta más ventajoso un espacio multiuso que reunir una sala específica para cada caso (cine, ballet, música, teatro, etc).

Sin embargo y más allá de los criterios de economía en la explotación; esta apuesta por la versatilidad plantea dificultades de todo tipo, tanto en el auditorio de público, como en la escena donde tienen lugar los espectáculos. En este segundo caso, la progresiva complejidad de los montajes derivada de la creatividad de los directores de escena; ha tenido como consecuencia el incremento de superficie y altura de los escenarios, que como una nave industrial es un espacio vacío capaz de realizar en el permanentes maniobras y al que se asiste para ello de sofisticados recursos mecánicos, luminotécnicos y electrónicos, con los que lograr los medios para la seducción del espectador.

El auditorio de público, también ha sido objeto de estudio para tratar de ofrecer a este las condiciones idóneas para ver una película, escuchar un concierto, asistir a un cabaret (donde se puede cenar mientras se mira el espectáculo), o simplemente convertirse en un espacio horizontal para recibir espectadores de pié en un concierto de pop-rock, o en un baile de máscaras. Huelga señalar que las condiciones de accesibilidad y, más especialmente las condiciones acústicas intrínsecas a cada uno de esos eventos, resulta por completo diferente a los demás y ha sido objeto de diferentes modelos de ensayo que merecen un relato aparte; centrándonos hoy en los aspectos estrictamente funcionales ligados a la transformabilidad del auditorio.

Hace años conocí en el escenario y foso del Teatro Real de Madrid, un invento sorprendente de una firma canadiense, que había ido imponiéndose en los escenarios para mover verticalmente las plataformas y posibilitar los cambios escenográficos. Se trataba de un husillo generado a partir del sencillo ensamblaje de dos pletinas de acero inoxidable (una horizontal y otra vertical) que, contenidas en dos carcasas independientes y mediante un mecanismo eléctrico, se convertían en un helicoide de gran altura a partir del plano horizontal. Su nombre “spiralift” lo define inequívocamente y, debidamente sincronizados varios de esos ingeniosos mecanismos, permitían el movimiento vertical de grandes plataformas; como si de un ascensor se tratase. Su aplicación se centraba entonces en las plataformas de escenario y posteriormente en la configuración de los fosos de orquesta. El invento acababa con el tornillo sin fin y con ello, los pozos de problemática resolución constructiva, facilitando extraordinariamente el movimiento de escenografías desde un único plano horizontal.

Años después visité en Friburgo (Alemania) la más novedosa aplicación del “spiralift”, esta vez en el patio de butacas de un moderno auditorio de nueva construcción. Cada fila, todas ellas paralelas al escenario y equipadas entonces con sencillas sillas plegables; era una plataforma de movimiento vertical independiente y con ello podían obtenerse diferentes curvas isópticas sobre la escena, e incluso la nivelación horizontal del graderío, eliminando las sillas plegables de modo manual.

Desde entonces mantuvimos estrecho contacto con la ingeniería canadiense, que empezaba a estudiar un sistema combinado de spiralift, plataformas y un automatismo mecánico asociado al sistema, para el implemento y escamoteo de butacas; de modo que hiciera innecesaria cualquier intervención humana en la retirada de las mismas. La primera aplicación práctica de este fantástico invento combinado, se realizó en la rehabilitación y ampliación del teatro Campos Elíseos de Bilbao (reinaugurado en marzo de 2011). Un inédito modelo de teatro a la italiana, concebido como un edificio modernista del ensanche bilbaino en 1902.

A la dificultad de implantar esta solución mecánica en una planta de herradura, se añadió la dificultad constructiva para disponer una cámara bajo el graderío con altura necesaria para el funcionamiento del sistema y el almacenaje de butacas, justo al borde mismo del nivel freático. Pero en 8 minutos el patio de butacas se convierte en un salón de baile, sin mediar otra intervención humana que la de pulsar un botón.


Aquella ruina abandonada, sin perder una sola de sus características originales y renovando por completo su interesante arquitectura; quedó convertida en un deslumbrante teatro contemporáneo, de elevadas prestaciones para una explotación versátil y sostenible que, en otra publicación de este mismo año, he presentado más ampliamente para dar a conocer el proyecto y el alcance de las obras realizadas entonces en el mismo.

Sobre este mismo ingenio tecnológico he publicado, más recientemente aún, su aplicación a un auditorio de gran formato en la Cartuja de Sevilla; que con una sala de 2.000 butacas incorpora en su planta baja el sistema que transforma automáticamente la mitad de ellas, haciéndolas desaparecer en 8 minutos.

Santiago Fajardo



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