Polivalencia y Tecnología. Su incidencia en la Acústica

El desarrollo tecnológico ofrece hoy muy diversas herramientas para la polivalencia de los recintos de espectáculos. Comiéncese por señalar el interés, ya tendencia, entre los promotores de edificios culturales y muy especialmente los teatros y auditorios; en disponer de salas capaces de acoger diferentes eventos, con análogas condiciones de visibilidad, acústica, confort, accesibilidad, etc. Resulta evidente, por muy costoso que pueda ser el implemento tecnológico en tales casos, que siempre resulta más ventajoso un espacio multiuso que reunir una sala específica para cada caso (cine, ballet, música, teatro, etc).

Hoy nos centraremos en las consecuencias que la multifunción de un auditorio tiene sobre la acústica; pues a esa variabilidad y configuración del aforo, se añade la distinta naturaleza acústica de cada espectáculo y sus demandas específicas.

Nada tiene que ver una sala de conciertos, con un teatro de ópera, o un teatro de texto; con un cabaret, o una sala de proyección cinematográfica. En cada caso, el sonido se emite y proyecta de una manera concreta y llega a los espectadores-oyentes en muy determinadas circunstancias y en todos los casos debe percibirse de un modo nítido y envolvente. Estas circunstancias vienen determinadas, entre otras, por el volumen de aire de la sala y la diferente naturaleza y ergonomía de sus revestimientos interiores, que pueden ser más o menos absorbentes, reflectantes y/o difusores.

Uno de los principales parámetros que condicionan la respuesta acústica de un espacio, es el tiempo de reverberación; directamente relacionado con el volumen de aire, de modo que; en la tendencia de construir espacios de grandes formatos está implícito el incremento del tiempo de reverberación, haciendo ininteligible no solo la palabra, sino también la música. Los estudios científicos sobre la materia señalan que por encima de los 12.000 m3 el tiempo de reverberación es incontrolable, lo que constituye una limitación de facto para el tamaño y aforo de la sala.

Sin embargo y desde hace años, además de hacerlo en parques, plazas y estadios abiertos; es frecuente la programación de espectáculos audiovisuales en recintos cerrados de enormes proporciones con capacidad para 18.000-20.000 espectadores, imprescindibles para acoger eventos de gran capacidad de convocatoria como la de algunos artistas del pop-rock. Son los “arena”, con tipología de pabellón polideportivo y escena central, que se acondicionan provisionalmente para ello (Palau San Jordi, Staples Center, Monterrey, etc). Su elevadísimo tiempo de reverberación se minora con la “absorción” que proporciona la presencia del público asistente y, por el contrario, se acentúa con su ausencia; lo que desmerece no solo la acústica, sino que produce una sensación de vacío para la convocatoria.

Las dificultades acústicas en estos espacios se atenúan habitualmente disponiendo un gran truss de amplificadores sobre la escena, que proyecta una ingente cantidad de energía directa sobre los espectadores en un entorno de 360 grados, anulando por completo los efectos de cualquier energía difusa o reflejada.

Otros auditorios de gran formato, creados al margen de la tipología de arena; es decir como espacios frontales con proscenio y escenario; se han proyectado con sistemas de variabilidad que modifican sus condiciones acústicas. La primera de ellas es la escalabilidad del espacio, mediante la disposición de falsos techos acústicos modulares y móviles que, descendiendo, reducen el volumen de aire y consecuentemente, el tiempo de reverberación. El gran inconveniente de estos sistemas es la movilidad de elementos, que por sus exigencias aislantes, son frecuentemente muy pesados; requiriendo costosos sistemas de elevación y sofisticados mecanismos de seguridad, al situarse sobre las cabezas del público. Otro aspecto vinculado a la variabilidad acústica de la sala es el tratamiento de sus revestimientos verticales, resueltos con prismas verticales de sección triangular y giratorios; de modo que puedan mostrar y posicionarse en una de las tres siguientes caras: absorbente, reflectante o difusora. En su conjunto el sistema proporciona lo que se conoce como “acústica variable” por medios mecánicos.

Pero la más reciente y revolucionaria forma de resolver la variabilidad en las condiciones acústicas de una sala es la que se obtiene por medios electrónicos. Hace años tuve oportunidad de conocer el sistema en un estudio de grabación en Nueva York, al que me habían llevado sin demasiados preámbulos los técnicos de Meyer Sound, mientras yo estaba proyectando por aquel entonces el auditorio de La Cartuja en Sevilla.

Allí pasé una mañana entera con un trompetista y una pianista tocando casi sin parar en una sala de estudio de unos 30 m2. Para mi sorpresa y a lo largo de la sesión, pude escuchar el dúo con la respuesta acústica propia de aquella sala, después con la correspondiente a un teatro de texto de pequeño formato y sucesivamente, como una sala sinfónica, como un teatro de ópera, como una catedral. Mi asombro comenzó a disiparse cuando empezaron a hablarme del sistema “Constellation”, una solución electrónica amplificada capaz de conseguir los referidos efectos mediante una red tupida de emisores en paredes y techos, con muy baja presión sonora y un software extraordinariamente sofisticado que procesa la señal emitida y la modifica en función de la distancia, el volumen de aire, el tiempo de reverberación y otros parámetros asociados a la naturaleza de la sala y del espectáculo programado.

Sus ventajas respecto de las opciones anteriores, quedan en evidencia al no tener que prever soluciones de elementos móviles de complicado mantenimiento y extraordinario costo. Este sistema se acabó instalando en la sala principal de mi auditorio de Sevilla (2.000 butacas) y las pruebas realizadas han sido extraordinariamente satisfactorias.

Para quien desee satisfacer su curiosidad sobre el tema, puede consultar la página web de Meyer Sound y concretamente el sistema Constellation.

Concluyo reconociendo las virtudes de un modelo tipológico exclusivo, donde puede alcanzarse la excelencia; pero la tendencia hoy, se mueve en la dirección de los espacios versátiles, aptos para una programación variada y ágil que sea garantía de su propia vitalidad y sostenibilidad.

Santiago Fajardo



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