MADRID Y PATRIMONIO, UNA NUEVA OPORTUNIDAD

La viabilidad de cualquier operación rehabilitadora sobre los edificios antiguos y, en la mayor parte de los casos, hoy debe contemplar un destino alternativo a su función original como garante de su sostenibilidad económica y vital. Dicho de otro modo y como señala Juan Herreros, hoy debemos empezar a hablar de reciclaje de los edificios antiguos; es decir, la transformación de viejas arquitecturas que aún es posible reutilizar garantizando su pervivencia en el tiempo, como piezas fundamentales de la memoria colectiva y la ciudad; en vez de relegarlas al abandono o a la simple contemplación como estereotipos de otra época; pues ni arquitectura ni ciudad son museables; compartiendo ambas una ontológica esencia de utilidad.

En ese trance, resulta inevitable establecer un compromiso entre lo que se mantiene y lo que se transforma; procurando lógicamente prevalezca de forma destacada lo primero sobre lo segundo y por ello, la elección de los posibles nuevos usos constituyen la decisión angular de todo el proceso, pues tales nuevos destinos debieran ser compatibles con las viejas arquitecturas, evitando imposturas de forzado encaje y letales consecuencias.

Por tanto y normativamente, han de establecerse ciertas líneas rojas que garanticen la protección efectiva de su singularidad, evitando la tentación de transformar en otra cosa la identidad de los viejos modelos. Elementos que configuran la imagen de la ciudad y en los que reside nuestra memoria; tal y como bellísimamente señalara el poeta César Vallejo en algunos de sus textos.

Proyecto Canalejas

Precisamente ligada a tan trascendente decisión; no resulta fácil concretar y autorizar una propuesta que cumpla la condición de excelencia en todos y cada uno de sus parámetros. Por ello y en asunto de tanta complejidad, resulta a mi juicio imprescindible un análisis poliédrico, multidisciplinar y verdaderamente experto, que renueve la vieja y celosa endogamia en la que nos venimos moviendo desde hace demasiado tiempo.

Y además hacerlo desde el análisis personalizado e individual que reclama la condición misma de la arquitectura como “traje a la medida” del hombre y el más constructivo consenso, que definitivamente destierre los viejos maximalismos intransigentes de uno y otro signo. Hacerlo desde la transparencia que reclama una catalogación BIC, es reconocer al fin como necesaria la dimensión pública de los edificios de mérito, sean públicos o privados; por lo que aquellos debates que afecten decisivamente a su futuro deberían –a mi modo de ver- ser conocidos por la ciudadanía.

Más allá de los aspectos criticables de la nueva Ley de Patrimonio de la Comunidad de Madrid, que -en algunos de sus artículos- habrá de reformarse tras la sentencia del Tribunal Constitucional; tanto por la invasión de competencias estatales, como por la discrecionalidad atribuida a sus órganos de gestión en algunos casos; cumple pues insistir en que resulta extraordinariamente difícil regular de un modo genérico la protección de un patrimonio tan heterogéneo y diversificado, sin riesgo de establecer férreas rigideces que imposibiliten o dificulten innecesariamente su viabilidad futura; dicho de otro modo y recurriendo a nuestro refranero más castizo, “hay amores que matan…”. Todo ello en medio de una hipertrofia legislativa, incomprensiblemente autárquica, que sorprende a propios y extraños, mostrando que la verdadera y más comprometedora dificultad radica en la aplicación de las leyes, más que en su promulgación.

En este contexto, queda en evidencia la insuficiencia de medios para sus órganos de gestión, con indeseables consecuencias sobre su eficacia y los tiempos de tramitación administrativa; por no entrar en el alarmante retroceso del dinero público en los presupuestos para la cultura en general y el patrimonio en particular. Veamos pues en qué forma la nueva ley se aplica para mejorar el rendimiento en la gestión, aun cuando todo parece indicar –me temo- que seguimos los pasos del modelo anglosajón, respecto de la financiación de los emprendimientos en este campo; por lo que la mirada se dirige hoy a la iniciativa privada, que deberá asumir un progresivamente mayor protagonismo y leal compromiso, sin que ello deba representar necesariamente un mayor riesgo para el patrimonio; cuyos criterios para su custodia deberán seguir correspondiendo al ámbito público, en condiciones de franca y necesaria mejora respecto de su situación actual.

Esdificio BanestoHoy Madrid tiene sobre la mesa dos propuestas controvertidas para algunos de sus edificios singulares; el conjunto de la plaza de Canalejas y el edificio España. En ambos casos, lo que se discute es el alcance de las transformaciones necesarias para garantizar su pervivencia en el tiempo y, en qué medida, las mismas pueden menoscabar la identidad de sus respectivas arquitecturas.

En el primer caso, el conjunto de aquellas viejas sedes bancarias de principios de siglo, que en los años sesenta buscaron nuevo y más representativo acomodo en el eje de Castellana y aún más recientemente -en una segunda mudanza- hacia la periferia de nuestra capital; han quedado vacantes aquellos edificios de autor, de factura notable y fuerte personalidad, que ya fueron transformados en sus respectivos interiores como consecuencia de una funcionalidad cambiante, según impuso la evolución del propio negocio bancario.

La diversificada volumetría de la manzana responde a un complejo catastro, en el que la pieza mayor y más representativa, es el edificio “proa” construido por José Grases para La Equitativa, que posteriormente fuera sede del Banco Español de Crédito entre las calles de Alcalá y Sevilla; entre otros varios edificios de mérito.

Parece ser que la única exigencia de Villar Mir a Emilio Botín para cerrar la compra del conjunto de Canalejas fue que pudiera rehacerse el interior de todo el complejo. La Comunidad de Madrid autorizó hace unos meses el proyecto de transformación de la manzana protegiendo las partes de los edificios que tienen valor histórico, como fachadas y primeras crujías; lo que ha ratificado recientemente la Comisión de Patrimonio Histórico de la Comunidad de Madrid, con el fin de que los inmuebles actuales puedan adaptarse al proyecto arquitectónico de rehabilitación, con la restauración de los elementos protegidos; algunos de los cuales requerirán su previo desmontaje y posterior integración en el proyecto, según la planificación estratégica del mismo. Hasta ahora, parece que las intervenciones se han centrado en desmontar elementos diversos como barandillas, vidrieras, recubrimientos ornamentales, etc.

El ambicioso proyecto persigue transformar el conjunto de dichos edificios en un hotel de lujo, un centro comercial y viviendas de alto standard. Aún sin un conocimiento profundo del mismo, destacan como evidentes dos circunstancias desfavorables de la propuesta, ligadas entre sí:

La pérdida de la actual volumetría urbana atomizada. Pérdida que surge de la integración en un único sólido capaz de los varios inmuebles que componen el lote. Cumple glosar aquí la importancia de la adaptación volumétrica de la arquitectura al contexto y naturaleza del territorio, aquella “razón del lugar” que brillantemente argumentara Ortega y proporciona a la ciudad los rasgos y características propios de su identidad.

No dejo de reconocer con ello, el derecho a la transformación que la propia ciudad demanda en cada momento, como escenario dinámico de la actividad humana; pero me parece un aspecto importante a cuestionar en casos como este: ¿Podría atenderse el mismo programa de necesidades manteniendo la volumetría actual; aun cuando fueran necesarias soluciones más complejas y dificultosas para su organización espacial?.

Procede recordar la significativa transformación operada en la imagen de la ciudad de Toledo en los últimos veinticinco años, con la realización de operaciones de síntesis y agrupación análogas; que han transformado la escala de diversas áreas de un casco histórico, en las que una volumetría menuda de los edificios se adaptaba a la compleja topografía de “la roca” como un guante; sin otros resaltos significativos que los del Alcázar, la Catedral, el Seminario y San Juan de los Reyes.

Creo pues que deben ponderarse otros factores, además de los estrictamente económicos o de oportunidad, que subyacen en los emprendimientos empresariales de relevancia; como en este caso, el que se opera sobre el centro-centro de Madrid. Tal vez un desarrollo más colaborativo y amplio entre los agentes implicados pudiera facilitar un consenso más amplio y satisfactorio sobre todos sus múltiples aspectos, enriqueciendo la propuesta y acomodando la misma con deseable suavidad.

Proyecto Canalejas

El incremento de la edificabilidad existente. Ligado a lo anterior; el crecimiento en altura proyectado para las crujías posteriores a la única que se prevee mantener (la primera); contribuye a destacar la dimensión del nuevo sólido sobre su contexto inmediato. Ciertamente, la conservación de las primeras crujías y su altura puede minimizar este crecimiento proyectado en segundo plano, a los ojos del ciudadano que camina por la calle; pero igual que en el caso anterior, puede y debe cuestionarse si el programa múltiple planteado (hotel, viviendas y centro comercial) pudiera haberse desarrollado sin tal incremento de superficie y consecuentemente de volumen.

Sobre ello se me ocurre cuestionar: ¿Se está sacralizando el uso hotelero para el futuro turístico de Madrid con tan significativas propuestas en ese campo?; ¿con una superficie construida inferior a la propuesta, podría no alcanzarse el umbral de viabilidad económica previsto en el emprendimiento empresarial?; ¿aun siendo viable económicamente y suficiente la edificabilidad actual, podría asumirse empresarialmente una rebaja de sus rendimientos económicos?.

Ha de entenderse siempre que cualquier iniciativa capaz de rescatar el patrimonio y garantizar su pervivencia en el tiempo, debe tener una oportunidad de retorno para su inversión; o de otro modo, el futuro de estos edificios puede presentar más sombras que luces, por más que exista para los propietarios la responsabilidad de mantener. Pero mucho me temo que aquí surgen nuevas cuestiones como ¿existe un límite para el beneficio?, ¿es posible un consenso en este aspecto sustantivo que condiciona y determina el primer paso del emprendimiento?.

Porque forman parte de la memoria colectiva, las decisiones sobre ellos son enormemente trascendentes y representan hoy una gran oportunidad de hacer las cosas razonablemente bien, de atender criterios que no deben silenciarse e ilustran y enriquecen un asunto profundamente complejo, cuya concreción debiera corresponder al consenso de un “senado” más amplio. No obstante, resulta esperanzador que la evolución del proyecto en su desarrollo y autorización administrativa, vaya a hacerse en sucesivas fases que permitan avanzar con la necesaria profundidad y detalle sobre aspectos sustantivos del mismo; en manos de un equipo tan sensible y solvente como el de la familia Lamela.

Pero en lo que se refiere a su enfoque general, quedan sobre la mesa los interrogantes planteados.

Santiago Fajardo



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