EL EQUIPO

Lo primero que resulta imprescindible para moverse con garantía en tan delicado contexto, es un equipo solvente, diversificado, bien engrasado como cualquier maquinaria e imbuido de ese espíritu de colaboración generosa en el que las necesarias fronteras se establecen con cierto grado de flexibilidad, en favor de un objetivo común. En su conformación, puede existir un conjunto básico al que se añaden colaboradores externos y consultores específicos que enriquecen nuestro conocimiento sobre la funcionalidad de determinadas temáticas o ayudan a la resolución de aspectos técnicos e ingenierías progresivamente complejas y especializadas.

El equipo

En cualquier caso, no tengo duda al considerar y reivindicar que la Arquitectura constituye la columna vertebral en la que se agrupan tantos y muy diferentes ámbitos de conocimiento; siendo precisamente esa visión generalista que conjuga el humanismo con la técnica, la que ofrece esa capacidad organizadora y coordinadora, donde reside nuestro valor añadido: integrar el todo con las partes, en una forma armónica; resolviendo al tiempo una demanda funcional.

Sin embargo, la versatilidad de nuestra formación, humanística y técnica; no sitúa nuestro conocimiento al nivel de profundidad que hoy alcanza una ingeniería, por lo que necesariamente un arquitecto inteligente sabrá rodearse y beber de cuantos expertos sean necesarios para el mejor desarrollo y perfección de su proyecto. Asimismo de aquellos consultores que puedan ilustar su conocimiento respecto de temáticas complejas, tanto en el ámbito de lo funcional, como de lo técnico. El ejemplo de un hospital, creo cumple perfectamente para esta observación; donde el sometimiento del proyecto a condicionantes tan importantes desde el punto de vista práctico, constituye un pié forzado para la libre creatividad y el permanente recordatorio de que la Arquitectura es un arte aplicada. Y puesto este ejemplo; cumple aquí mismo destacar, cómo los buenos arquitectos son capaces de unir armónicamente lo uno y lo otro; como es el caso del Hospital Rey Juan Carlos en Móstoles (Madrid), obra del estudio Rafael de la Hoz.

Santiago Fajardo



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