ADJUDICACIÓN Y CONTRATACIÓN DE LAS OBRAS

La posibilidad de asesorar al cliente en el muy difícil proceso de adjudicación y contratación de las obras es un privilegio infrecuente que sin embargo encierra ventajas para este. La elección y selección del mejor sistema para llevar las obras a término debe hacerse en función de diversos parámetros que el arquitecto está en mejores condiciones de conocer y coordinar.

La experiencia y especialización en una temática determinada, la solvencia en su organización por la mejor gestión de recursos humanos y técnicos, o las circunstancias económicas y empresariales por las que atraviese una constructora, son algunos de los diversos aspectos a considerar en el proceso de selección.

La búsqueda de la mejor oferta dentro de empresas de un determinado perfil, es un modo de acotar el proceso en el ámbito de un concurso restringido por invitación. Sin embargo, más allá de recomendaciones generales bien conocidas por cualquier profesional experto; la que considero fundamental es la advertencia previa a los licitadores para abstenerse de las bajas temerarias, es decir, la lamentablemente muy frecuente pretensión de ofrecer unidades de obra a precios inferiores a los de mercado y que la experiencia demuestra imposibles, resultando ser finalmente fuentes de conflicto. Para ello, nada mejor que organizar el concurso en dos o tres “vueltas”, con las que puedan detectarse y corregirse las valoraciones temerarias. Aunque parezca irrelevante, creo que el primer valor en el que hay que concienciar al cliente es en el del realismo sobre el costo de las obras. Es bien conocido el aforismo castizo de “…nadie da duros a peseta”, por lo que debe desconfiarse de quien lo haga y tratar de persuadirle para que no lo intente.

Castillo de naipes. Blog Santiago Fajardo

Por ello, la organización del concurso y su pliego de condiciones es el primer paso para garantizar la racionalidad del proceso; bien entendido que todo lo dicho se refiere a emprendimientos en el ámbito de la iniciativa privada, en donde no resulta obligada la pública concurrencia de las convocatorias, ni tampoco el sometimiento a los cuadros de precios editados por las CCAA y en muchos casos claramente desfasados de los precios de mercado, con lo que el conflicto en esos casos está servido.

Muchas cosas deben cambiarse en el ámbito de la contratación pública para adecuarse con equidad, pero también eficiencia al momento presente y terminar con el permanente ejercicio de cinismo anteriormente denunciado y que da lugar a una deleznable competencia desleal. Dentro de esos malos hábitos, deberá ser objeto de regulación esa muñeca rusa de la subcontratación; presente en todos los ámbitos y en una espiral interminable de contrata de la subcontrata, de la subcontrata, …etc; que me trae a la memoria al escritor Alejandro Dumas, a cuya puerta llamó una tarde un sujeto que le espetó: “Buenas tardes, soy el negro de su negro y vengo a decirle que su negro se ha muerto”. Escenario donde determinar las fronteras de responsabilidad es a veces un ejercicio imposible, que está propiciando “sentencias condenatorias solidarias” en los tribunales, en forma indiscriminada y a veces injusta; que pretende satisfacer las reclamaciones del demandante repartiendo la carga entre todos aquellos que tengan seguro de RC.

Santiago Fajardo



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