DIRECCION Y GESTION DE LA OBRA

El proceso de dirección de la obra pone a prueba no solo la calidad, madurez y completa definición del proyecto; sino la experiencia y el temple de los arquitectos, tanto si tienen una encomienda amplia en la que actúan como coordinadores máximos del proceso; como si han de actuar coordinadamente bajo la batuta de un manager.

En ambos casos deben establecerse anticipadamente los límites de competencia, responsabilidad y jerarquía que demanda la prudencia; pues puede darse por hecho que de otro modo surgirán conflictos entre los agentes durante el proceso.

En el primer caso, ya hemos señalado la importancia que tiene el asesoramiento al cliente en la concreción del proceso de adjudicación y contratación de la obra. Cualquier medida tendente a anticipar posibles situaciones de conflicto, permitirá si no evitarlas; tener estudiadas y dispuestas soluciones para su remedio si se producen.

En el segundo caso, resulta fundamental que el manager intervenga como agente activo en el proceso desde su inicio; es decir, que deberá participar en el mismo desde la concepción misma del proyecto, pues sus estrategias de “paquetización” de la obra deberán compatibilizarse con la idea arquitectónica y constructiva del edificio, buscando desde el primer momento la sincronización de todas sus partes.

Santiago Fajardo. Dirección y gestión de la obra

No hacerlo así, introduce en el proyecto unas fronteras artificiales que son difíciles de respetar y coordinar en el transcurso de la ejecución; por lo que también es labor del arquitecto persuadir a su cliente para seguir el ordenamiento más inteligente y eficaz del proceso; haciendo ver a este que la figura del manager debe ser la de un planificador, coordinador y “fluidificador” de las relaciones entre los distintos agentes intervinientes en el proceso, sin pretender arrogarse competencias no reconocidas en nuestro ordenamiento jurídico ni, por supuesto, atribuibles a una responsabilidad que, hoy por hoy, es inexistente. El manager es un consultor y como tal, deberá respetar las competencias y responsabilidades de los agentes tradicionales así reconocidos en la LOE.

Tampoco debe otorgarse al manager la competencia absoluta sobre la gestión económica de la obra; que corresponde tradicionalmente y por simple coherencia al arquitecto; pues la relación entre diseño y economía es biunívoca e indisoluble. No cabe pues el argumento de que los arquitectos nos debemos ocupar de cuestiones técnicas o estéticas, mientras que la gestión económica de la obra pueda encomendarse a un manager.

Todo esto puede resultar papel mojado si finalmente prospera la irracional Ley de Servicios y Colegios Profesionales, que tendrá letales consecuencias no solo para nuestra profesión, sino para la arquitectura en su más amplio y hondo sentido.

Descendiendo al detalle sobre algunas de las consecuencias de la paquetización del management, cabe traer aquí la experiencia vivida en una obra en la que hubieron de montarse y desmontarse los andamios hasta cinco veces en un mismo sitio. Semejante dislate es perfectamente extrapolable a muchas actividades de la obra, pero al hilo de lo sucedido y como aspecto más trascendental a destacar aquí, es el vacío que se produce en la función más importante: la organización y coordinación de la obra.

En efecto, si el manager desplaza a la tradicional y consagrada figura del constructor, a quien sustituye por otros varios constructores que actúan a través de contratos independientes; ¿quien realiza la organización y coordinación de todos ellos?. ¿Quien se ocupa de la más eficiente organización de los tajos en la actividad simultánea de los diversos oficios? ¿Quien se ocupa de la más eficiente utilización de los medios auxiliares, impidiendo que se monten y desmonten repetidas veces sobre un mismo sitio? Todas estas cuestiones no se recogen en la LOE, ni tampoco en los contratos de los manager. Sin duda, de la conflictividad que habrá de producirse por esta clamorosa falta de regulación, se creará jurisprudencia que permitirá colocar a cada cual en su lugar.

Santiago Fajardo



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