EL PATRIMONIO COMO OPORTUNIDAD

El pasado martes 2 de junio tuvo lugar en ROCA MADRID GALLERY la primera sesión del ciclo de mesas redondas “MADRID Y PATRIMONIO: HACIA UNA RECUPERACIÓN SOSTENIBLE”, con Enrique Saiz (Director General de Patrimonio de Castilla León y presidente de EVoCH) y Paloma Acuña (exDirectora General de Museos Estatales y Directora General de la Real Fundación Toledo) como invitados.

Debo comenzar aclarando que el citado ciclo, con invitados diferentes en cada una de las sesiones, tiene vocación de continuidad en los temas a abordar; por lo que creo necesario dejar constancia documentada de lo tratado en cada una de las sesiones, con objeto de que pueda servir como referente obligado de las siguientes.

Asimismo procede señalar y agradecer la generosa presencia en este foro de los invitados, muy especialmente Enrique Saiz; en el presente contexto de cambios e incertidumbres políticas, abiertos en este año electoral.

Un país tan antiguo como el nuestro (que ostenta el tercer lugar en el mundo en número de BICs), merece una atención especial en el apartado de su patrimonio cultural edificado, nunca suficientemente valorado y atendido; por lo que este primer encuentro ha representado una interesante aproximación a las acciones y estrategias que permiten convertir el patrimonio en una oportunidad. Estrategias aleccionadoras que además son referente próximo, puesto que corresponden a las experiencias de los últimos años en Castilla León y Toledo, además del interés y las expectativas que suscita la plataforma EVoCH (Economic Value of Cultural Heritage).

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Pese a la heterogeneidad de los modelos y su muy diferente amplitud territorial, (una extensa comunidad autónoma y una ciudad histórica compacta), subyacen en ambos casos objetivos comunes abordados desde parecidas actitudes y convicciones que acreditan la viabilidad de esa aspiración.

Debemos empezar por reconocer que el patrimonio ha sido objeto de valoración diversa a lo largo de la historia, según la época y las diferentes sensibilidades culturales; el Renacimiento, la Revolución Francesa o el Romanticismo del siglo XIX evalúan de diferente modo los edificios del pasado. En nuestro presente, queda fuera de toda duda que aquellos análisis especializados, abstraídos de cualquier circunstancia y contextualización en otro tiempo; han de dejar paso a visiones más abiertas y transversales. Los edificios antiguos no pueden ser materia casi exclusiva de historiadores. Cualquier intervención sobre cualquiera de ellos es un ejercicio de arquitectura sobre la arquitectura y debe ser esta, la columna vertebral en la que se incardinen los necesarios conocimientos especializados.

Y así se ha referido la contemporánea y necesaria visión amplia de un edificio antiguo; su singularidad en el destino funcional que acoge y el lugar sobre el que se asienta. Aquella razón que glosara Ortega para explicar el determinismo que, en la arquitectura y la ciudad, está implícito en cada punto del planeta y condiciona su imagen y los rasgos característicos de su fisonomía. Determinismo que descalifica la perversidad desdeñosa que hacia esta razón han mantenido algunos afamados arquitectos en época reciente.

En esa valoración diferencial se explica la actualmente preferible contextualización del acueducto de Segovia, arropado antes por un primitivo y menudo caserío; hoy desaparecido desde hace años para proporcionar al monumento nuevas y más diáfanas perspectivas. En definitiva, hoy debemos sostener que cualquier edificio antiguo no debe abstraerse de su lugar, pues la arquitectura queda enraizada como un árbol; contemplando su territorio en más amplia perspectiva e incluyendo su presente contexto social para analizar y decidir sobre su futuro.

Lecciones como las que proporciona el Plan PAHIS o la Carta de Bruselas, merecen tomarse en cuenta a la hora de plantear nuevos proyectos; desde la deseable y eficaz concertación público-privada y la convicción de que los sponsors, más que financiadores sin derecho a intervenir, deben incorporarse como convencidos y apasionados compañeros de viaje.

Proyectos que han de contar con la más amplia sinergia social y la más persistente voluntad de diálogo para ser sostenibles; pues hoy quedan fuera de lugar (salvo por razones de estricta conservación) las intervenciones que no persigan la revitalización de los edificios cerrados y sin destino funcional a la vista.

En inversión sostenible vs inversión improductiva, está el secreto de convertir nuestro patrimonio en una inteligente oportunidad.

Por ello, hoy ya son necesarios los economistas especializados para modelizar el futuro de monumentos y edificios antiguos; explorando con mayor grado de certidumbre aquellos proyectos para su recuperación y, -trascendiendo los restringidos análisis de otro tiempo-, conocer las posibilidades económicas del patrimonio recuperado y en servicio. 2

Asimismo resulta necesaria una mayor apertura de la administración y la racionalización de la presente hipertrofia legislativa para un mejor y más transparente dialogo con la sociedad que la sustenta; apuntando las extraordinarias ventajas de la ventanilla única para una relación fluida e intensa con aquella.

Resultan sorprendentes las nuevas herramientas tecnológicas que hoy permiten la monitorización completa de edificios y monumentos respecto de sus condiciones físicas (humedad relativa, temperatura, movimientos estructurales, estanqueidad, etc) para conocer en tiempo real el pulso de cada uno de ellos en cada momento. Asimismo existen indicadores para medir y conocer las tendencias y demandas sociales (importantísimo sustento de cada proyecto); como los desarrollados en el I+D del Románico Norte.

Se considera asimismo de gran importancia la participación de la Universidad, como laboratorio de experimentación y búsqueda de posibilidades alternativas para los edificios antiguos, difundiendo dicho conocimiento para su acepción por posibles emprendedores; pues en muchos casos los cambios de uso son ineludibles para la revitalización de los edificios antiguos y el acierto en dicha transformación reside en el grado de compatibilidad de los nuevos usos con las arquitecturas del pasado, en su implantación sin violencia ni sacrificio de lo preexistente.

La difusión del conocimiento es asimismo trascendental en el presente momento, como contribución a la sensibilización y educación ciudadana; sobre el patrimonio en general y la arquitectura en particular.

Se formularon también oportunas observaciones respecto del riesgo cada vez más frecuente de aislar la planificación urbana de la arqueología, con referencia al desafortunado proyecto urbanizador de la Vega Baja de Toledo, una zona de un extenso e importantísimo yacimiento arqueológico que puede desaparecer simplemente, o ser troceado para ocupar un lugar en los depósitos del museo provincial, perdiendo con ello el valor testimonial y educativo de su mantenimiento “in situ” y la lectura comprensiva de la historia a través de la cultura material.

Con la referencia expresa del “tempo largo” inasumible en los procesos asociados a las intervenciones sobre el patrimonio, se destacó la enorme presión inmobiliaria que se ejerce sobre los núcleos urbanos consolidados y el peligro de que el nuevo paradigma del turismo, termine convirtiendo las ciudades en parques temáticos de sí mismas; perdiendo con ello el pulso vital que las ha mantenido a lo largo de su historia.

Por ello y aun aventurando que el trívium romano de nuestro tiempo probablemente sea “Tecnología, Turismo y Medio Ambiente”, debe gestionarse más racionalmente ese recurso para evitar que tan importante recurso dañe y condicione en exceso las ciudades e incomode a sus ciudadanos, proporcionando a los turistas (todos lo somos) las mejores condiciones para la visita y conocimiento de la ciudad.

El patrimonio cultural edificado representa pues un extraordinario potencial en un amplio rango que merece su estudio y enfoque adecuado, reiterando la importancia de una visión poliédrica, transversal que incorpore el conocimiento especializado de muy diferentes análisis, aprovechando las herramientas que hoy ofrecen las nuevas tecnologías y procurando conocer las sinergias sociales para desarrollar proyectos de más amplia perspectiva. Asimismo destacar la importancia de la comunicación, no solo como difusión del conocimiento, sino como medio de concienciación y educación de la ciudadanía. Estrategias que pasan en cualquier caso por el abandono de los maximalismos intransigentes y se orientan hacia fórmulas de concertación y consenso entre todos los agentes implicados

En suma, una esperanzadora experiencia que debe animar la recuperación sostenible de nuestro patrimonio en Madrid y da crédito a las palabras de Eduardo Galeano asumidas para nuestro propósito:

“Actuar sobre la realidad y cambiarla, aunque sea un poco, es la única manera de probar que la realidad es transformable”.

Santiago Fajardo



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