MADRID Y PATRIMONIO: HACIA UNA RECUPERACION SOSTENIBLE

MESA 4: UN CASO CONCRETO, EL PALACIO DE LA MUSICA

RESUMEN (03-12-2015)

La cuarta sesión del ciclo que en 2015 hemos dedicado al patrimonio cultural edificado de Madrid, estaba planteada para debatir sobre el presente y futuro de un edificio singular de la Gran Vía Madrileña: el Palacio de la Música. Encuentro que pretende ser el primero de una serie que dedicaremos en el 2016 a analizar –individualizadamente- el presente y el futuro de algunos edificios y conjuntos singulares de nuestra capital, actualmente en estado de inaceptable letargo.

En anteriores sesiones se ha concluido que el Patrimonio Cultural edificado debe entenderse hoy; más como una afortunada oportunidad que como carga onerosa, para lo que resultan necesarias transformaciones estructurales que propicien una gestión y promoción eficiente del mismo -legislativa, administrativa, social y económica. Pero de todas ellas, tal vez la más importante sea hoy la ineludible concertación y consenso de los agentes implicados; siendo ese precisamente el propósito de estos encuentros.

El Palacio de la Música no solo es un magnífico edificio de Zuazo, en una localización privilegiada de la ciudad. Es también una “potencial” infraestructura cultural de extraordinario valor estratégico, con una espléndida sala de gran capacidad y posibilidades de programación, que reducirían el actual stress del Auditorio Nacional de Príncipe de Vergara -en el que actualmente operan con grandes dificultades- entre 15 y 30 diferentes agentes culturales. Huelga destacar por ello que Madrid necesita más salas de música.

Construido en el año 1926 fue cerrado en 2008 y conserva actualmente la calificación de uso cultural, con nivel de protección 1 y aún pendiente su 4 Sesión Madrid y Patromoniodeclaración como BIC del siglo XX; declaración que se auspicia por el COAM, DOCOMOMO, AEPPASXX y otras instituciones y colectivos.

Rafael Spotorno prometió recuperar lo que fue y evitar su degradación como otro centro comercial más de la Gran Vía, iniciando un proyecto que quedó detenido en 2012 con ocasión de la crisis de BANKIA y entonces puesto en venta; situación en la aún permanece actualmente, ante el temor de una ciudadanía que se opone a su destrucción o perversión de uso, con 85.000 firmas de madrileños que así lo acreditan.

Para debatir sobre el presente y futuro del Palacio de la Música nos acompañaron cinco invitados fundamentales, entre los que lamentablemente no pudo estar ningún representante municipal, como se había previsto: Paloma Sobrini (Directora General de Patrimonio Cultural de la Comunidad de Madrid); José Guirao (Director General de la Fundación MonteMadrid); Meghan King (Directora de Relaciones Internacionales de Ibermúsica); Jesús Cimarro (Presidente de la Asociación de Productores y Promotores de Teatro) y José Luis Rodríguez Noriega (arquitecto autor del proyecto promovido por Fundación Cajamadrid).

El debate se desarrolló con arreglo al siguiente esquema:

1 SITUACIÓN ACTUAL del edificio y los proyectos paralizados. Posicionamiento actual de la propiedad del edificio con respecto a su presente y futuro.

 2 CIRCUNSTANCIAS que mantienen el edificio en estado de letargo e impiden hasta ahora su recuperación como Sala de Conciertos, uso para el Santiago Fajardoque fue concebido.

 3 QUE SE PUEDEHACER en este momento para lograrlo?

En relación al primer apartado y conocido tanto el uso cultural del edificio como su nivel 1 de protección, resultaba de capital importancia conocer la información de la propiedad del edificio, la Fundación MonteMadrid, que hereda de su predecesora (la Fundación CajaMadrid) el inmueble y el emprendimiento.

Así, se indica por Guirao que el edificio fue adquirido en 2008 a la familia Soler gracias al préstamo que a la Fundación CajaMadrid concediera la entidad de ahorro CajaMadrid y cuya amortización permanece aún pendiente. El proyecto de Noriega encargado y suscrito por esa institución se inicia inmediatamente siguiendo el plan de Spotorno para conseguir la rehabilitación del edificio como sala de conciertos; loable empeño en el que trabajaron los equipos de arquitectura e ingeniería para consolidar estructuralmente el edificio y proveerlo de nuevos elementos para su crecimiento vertical, con una sala alternativa de nuevo cuño sobre la sala original. Empeño que se viera truncado en 2012 con la crisis de Bankia y el cese de cualquier flujo de caja a la citada Fundación; lo que provocó la paralización de los trabajos y la inmediata puesta en venta del inmueble.

Lamentablemente la información transmitida por Guirao como Director General de la nueva Fundación MonteMadrid, confirma la existencia de una carga financiera sobre el Palacio de la Música -derivada de la adquisición del edificio y las obras realizadas hasta 2012- que suma 45 millones de euros. La desinversión que en su momento decidiera la entidad propietaria, pudo haberse materializado con una firma internacional de ropa; de no haberlo impedido la calificación de uso cultural y el nivel de protección del que merecidamente goza el edificio.

En otro orden, Meghan King de Ibermúsica señaló la incapacidad de los operadores para establecer programaciones estables de interés ante la ausencia de salas adecuadas y el stress del Auditorio Nacional de Príncipe de Vergara, en el que actualmente operan entre 15 y 30 agentes culturales, como se ha dicho anteriormente.

Paloma SobriniEl relato que hiciera el arquitecto Noriega sobre el edificio, su estado actual y los procesos de transformación vividos a lo largo de su historia; venía a dar respuesta a una inevitable y trascendente cuestión: ¿puede estar el Palacio de la Música a la altura de las exigencias de una sala del siglo XXI?.

La respuesta afirmativa -con algunas limitaciones, como corresponde a un edificio de 1926-, avala su necesario e imprescindible aggiornamento. En efecto la sala original ocupa gran parte del espacio disponible sobre la parcela que –cercada por tres calles y una medianera- no permite una ampliación horizontal; por lo que no tiene otra posibilidad de crecimiento para la mejora de sus dotaciones que en el eje vertical.

Por ello y con buen criterio, persiguiendo la polivalencia y versatilidad que hoy se demanda a las salas contemporáneas, el proyecto de Noriega propone una sala alternativa sobre la sala principal y en situación retranqueada de la alineación de fachada para no alterar la misma. Los dos sótanos ya existentes en el edificio albergan en la nueva propuesta gran parte de los servicios de público y escenario. En resumen, un proyecto muy acertadamente planteado.

Tanto Cimarro como Meghan plantearon la viabilidad del emprendimiento y su sostenibilidad, en razón a la creciente demanda de música en la ciudad; si bien la configuración original del escenario ocupando el vértice de la parcela, le resta posibilidades para los recursos escenotécnicos que demandan tanto el teatro como los musicales. Pese a ello, la diversa programación musical garantizaría su viabilidad, además de la que pudiera proporcionarle la sala polivalente de la planta superior.

Sin embargo, cualquier programación por atractiva que pudiera concebirse, sería incapaz de amortizar la deuda de 45 mill € que pesa sobre el Palacio de la Música.

Puestas así en evidencia las circunstancias que impiden por el momento (y lamentablemente sine die) su recuperación sostenible como sala de conciertos; parecía que la tercera etapa del debate, con la cuestión sobre qué puede hacerse para remediarlo; estaba respondida de antemano.

Insistir en la pregunta conduciría a ninguna parte, si no fuera por varias razones fundamentales:

1ª El Palacio de la Música es una infraestructura cultural de un extraordinario valor estratégico para la ciudad de Madrid en este momento; circunstancia que podría perfectamente justificar la intervención extraordinaria de las administraciones públicas autonómica y municipal; de modo que se prime el interés cultural y social por encima de los condicionantes económicos.

2ª La sociedad civil, debidamente consciente de la importancia del Palacio de la Música, puede perfectamente habilitar una suscripción pública para captar fondos destinados al completamiento del proyecto y la recuperación de su función primigenia; con fórmulas de micromecenazgo cada vez más extendidas en las sociedades occidentales.

Un ejemplo cercano y bien madrileño de sus posibilidades para el caso que nos ocupa es la construcción de La Almudena. Tal vez sea llegado elJosé Luis Rodriguez-Noriega momento de que nuestro sistema fiscal incluya la casilla destinada a la cultura y el patrimonio, tal como ya existe con la Iglesia.

3ª La referida deuda financiera de la entidad propietaria -que tiene una extensa y muy positiva obra social a sus espaldas-; forma parte del escenario de la banca española y sus prácticas en el mundo inmobiliario desde hace años. La persistente defensa sus balances -a costa de la sobrevaloración irreal de sus activos-, forma parte del nudo gordiano de la célebre burbuja inmobiliaria y, mucho me temo; que en tanto la banca no asuma las pérdidas sobrevenidas con la crisis económica; sus activos continuarán acumulados y sin salida posible; tal y como sucede con la comida que el niño no quiere tragar y da vueltas y más vueltas en su boca.

Tal estrategia conduce en este caso a un callejón sin salida, donde la entidad propietaria del inmueble mantiene el mismo en un estado de hibernación sine die; en tanto surge un comprador capaz de ofrecer el precio que se pretende; muy lejos del que pudiera asumir su destino como infraestructura cultural.

En este punto, la pregunta que se me ocurre es si podrá digerir la Fundación MonteMadrid tales pérdidas y en qué momento pudiera tal cosa suceder, antes de que el edificio se deteriore de modo irreversible.

Cualquier modificación en el uso del Palacio de la Música hacia una terciarización como la generalizada en la Gran Vía madrileña durante los últimos años; representaría un grave menoscabo para su historia y la pérdida de uno de los últimos baluartes en este hito cultural y cosmopolita de la ciudad.

En tales circunstancias los ciudadanos nos preguntamos: puede hacerse algo?. Estoy seguro que sí.

John Tusa, Director Gerente del Barbican y copresidente del Consejo de la Joven Orquesta de la Comunidad Europea dice:

Hoy día, la única postura posible para la cultura es la del optimismo inquebrantable. Son tiempos duros y posiblemente se pondrán aun peor. Pero los recortes, los pasos atrás, el derrotismo o la resignación, no pueden formar parte de nuestros planes de futuro. Para abordar la gran complejidad actual debemos tener la confianza necesaria para comprometernos con la profesionalidad y la excelencia en todo lo que hagamos. La cultura está más necesitada que nunca, ahora que la financiación pública decae o incluso peligra. Así pues, el futuro está en nuestras manos.

 

Santiago Fajardo

Arquitecto

 



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