IGLESIA Y CONVENTO DE LOS DOMINICOS (ALCOBENDAS)

Miguel Fisac es uno de los grandes modernizadores de la arquitectura española de la segunda mitad del sXX y el autor que hoy presentamos por primera vez en este ciclo; con una obra situada en la periferia de Madrid, no en el centro donde tiene otras ciertamente singulares; pero la Iglesia de los Dominicos de Alcobendas representa a mi modo de ver la quintaesencia del espacio religioso. Su dominio de la forma y de la luz, hacen del templo un espacio mágico. Vamos a verlo.

Su torre campanario emerge en la vaguada y se hace visible como la de una catedral; rematada con una maraña metálica aún más etérea –como aspirando la altura-, ligera y transparente, con vocación de dejarse ver, de identificar el lugar.

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Con la sencillez de una época con escasos recursos, Fisac demuestra que puede hacerse gran arquitectura sin presupuestos multimillonarios: La responsabilidad del arquitecto en el empleo eficiente de un dinero que no le pertenece.

El decía: Yo el problema estético me lo planteo el último, cuando otras cosas que son prioritarias se cumplen en el principio del proyecto. Palabras que acreditan la convicción de un arquitecto de verdad.

La iglesia de los dominicos de Alcobendas ofrece una concepción singular, como pieza casi completamente exenta y sin más condicionante que la exigencia de un coro numeroso como corresponde a su condición de teologado. Por ello, a partir de la centralidad del presbiterio, Fisac ordena el espacio en dos sectores diametralmente opuestos cuyos bordes vienen determinados por dos cerramientos parabólicos asimismo opuestos.

El cruce perpendicular de ambos ejes determina la posición exacta del presbiterio, que hace coincidir con el eje vertical, -el eje de la luz-, la espiritualidad. Punto donde un Cristo de Pablo Serrano, parece flotar ingrávido, suspendido levemente de unos hilos metálicos que penden del lucernario superior.

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Fisac comprende que la importancia de la luz asimismo está ligada a los matices del color y así concibe el foco más intenso precisamente en ese punto, el más elevado de los techos, de donde desciende toda la energía sobre el altar, en tanto que dispone para la trasera del coro una imponente vidriera, como un telón de fondo, un paisaje lejano para la contemplación en el que dominan los tonos rojizos. En el otro extremo del eje, la trasera de la nave de fieles; Fisac la convierte en un caleidoscopio haciendo del muro de ladrillo un encaje levemente luminoso disponiendo en su fábrica piezas de vidrio coloreado en tonos azules. El techo revestido de madera del conjunto, parece flotar sobre este, al disponer una más estrecha banda paralela de vidrio traslúcido que lo separa de los muros laterales.

El resto del convento transpira humanidad, con cuerpos longitudinales de poca altura cercando espacios de naturaleza ordenada. Hoy he querido visitarla para Vds y he tenido el privilegio de hacerlo en soledad, lo que me ha hecho sentir más cerca del maestro. Les sugiero vayan a verla en esas mismas condiciones.



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