PARQUE EL CAPRICHO

Hoy traemos como novedad un invitado escasamente conocido: El Parque de El Capricho. Se trata de uno de los más encantadores ejemplos de esa naturaleza ordenada que, como finca y residencia de recreo, se extiende a lo largo de 14 Has en el nordeste de Madrid -ya en las postrimerías del s XVIII-, por emprendimento de los Duques de Osuna. En ese tránsito del periodo barroco al romanticismo, El Capricho cristaliza todos los postulados estéticos y ofrece un escenario perfecto y variado tanto para la contemplación, como para la muy activa vida social de esa familia. Vamos a verlo

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Uno de los más bellos y románticos espacios verdes del patrimonio artístico-natural de Madrid, se extiende sobre una finca de planimetría sensiblemente triangular e integra en diferentes áreas el vocabulario de los jardines franceses, ingleses e italianos; generando con ello una diversidad de paisaje verdaderamente singular, según criterio de sus propietarios y muy especialmente de la Duquesa, que quiso hacer de esa finca un “parnaso” en el que recibir a intelectuales y artistas de toda condición. Para ello y como mecenas renacentistas, llevaron arquitectos, jardineros, escenógrafos y artesanos de múltiples oficios.

El reconocimiento de la planta permite identificar el jardín italiano en la parte más baja y antigua de la finca, con árboles de sombra y un cercano laberinto; en tanto que frente a la fachada del palacio se extiende el jardín francés con sus complejos parterres y setos de boj. La zona más elevada de la finca exhibe un paisajístico jardín a la inglesa en el que un templete clasicista domina la cota más alta.

plano el capricho

La traza del proyecto de jardinería corresponde al arquitecto Pablo Boutelou, aunque su realización corresponde a uno de sus ayudantes Pierre Prevost e incorpora junto a las grandes riquezas botánicas un extenso patrimonio escultórico, con estatuas, exedras, fuentes, estanques y puentes de hierro sobre la ría.

Tras la guerra de la independencia Antonio López Aguado construye un clasicista pabellón de baile en 1815 y posteriormente Martín López Aguado entre 1834 y 44 el palacio, al que se llega a través de una avenida arbolada y lateral, en torno a cuyo eje no se produce simetría alguna. Una gran tribuna de columnas a la que se llega a través de una doble escalinata, flanqueada por dos cuerpos más altos, extiende la mirada hacia el eje del acceso ceremonial y la glorieta de los tritones.

En progresivo declive tras la muerte de la Duquesa en 1834 y tras múltiples vicisitudes y el desdén de los sucesivos herederos, fue declarado jardín artístico en 1943 sin demasiadas consecuencias favorables para el mismo. El Ayuntamiento de Madrid compró el parque en 1974 e inició entonces los trabajos para su recuperación. Fue declarado BIC en 1985.

Un paseo en primavera y otoño constituyen una maravillosa experiencia para los sentidos que ningún visitante debe perderse.



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