PALACIO DE CIBELES

Antonio Palacios es uno de los grandes arquitectos españoles que más intensamente trabajan en el inicio del sXX en Madrid y junto a Otamendi gana el concurso para la construcción de la sede central de distribución de correos, integradora de todas las comunicaciones. La controvertida ocupación de una parte de los Jardines del Buen Retiro quedó pronto olvidada, tras su inauguración en 1919, cuando su monumentalidad hizo que fuera bautizado entonces con el apelativo de la Catedral de las Comunicaciones.

Corrían tiempos de transformación urbana, con la traza y potenciación del eje norte-sur que amplía el Salón del Prado para descongestión del centro socio-político de la Puerta del Sol; cuando España aún arrastra las corrientes estilísticas del XIX con el neogótico, neomudejar, neobarroco, etc; y en Europa se expande la secesión vienesa y el modern style que se implanta con pujanza en Barcelona.

Palacio de Cibeles

El palacio de Cibeles es un ambicioso proyecto -fundamentalmente tecnológico-, a cargo de un equipo joven; capaz de aunar la innovación con la tradición que demandaban su situación singular y la Real Academia de Bellas Artes.

Su catalogación formal no resulta simple, pues aunque bebe decididamente en las fuentes del modernismo en boga, trasluce cierto goticismo compositivo sobre el que se imposta una profusa decoración. El carácter eminentemente público del edificio determina la organización funcional y espacial de su planta de calle, -accesible desde la escalinata a la plaza-; con un gran patio de operaciones, cuya altura se matiza en diversos ámbitos y al que se asoman los diferentes niveles intermedios, entonces destinados a cartería, telégrafos, teléfonos y la administración. Todos ellos intercomunicados por pasarelas que cruzan el vacío bajo los lucernarios y hoy adaptados a un muy activo destino cultural y expositivo.

Cibeles Interiror

Desaparecidos los carteros y funcionarios de aquella escena; su detenido examen revela aún detalles originales de interés; en los que conviven las estructuras metálicas roblonadas con las vidrieras emplomadas; o los trabajos escultóricos en piedra con las barandillas de latón; los suelos de pavés con los viejos mostradores y los pupitres de escritura; …en definitiva, valores de un pasado relativamente lejano, adaptados a utilidades contemporáneas para el disfrute y mantenimiento de su vitalidad.

Su pórtico de los buzones sobre el Paseo del Prado, forma parte de la memoria de aquellos, que allí acudían para conseguir la mayor celeridad a sus mensajes escritos, cuando todavía tenían como soporte material el papel.

En definitiva, uno de los edificios más icónicos en el eje museístico de nuestro Madrid.



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