BIBLIOTECA RAFAEL ALBERTI

Hace años se publicó en todos los medios especializados una obra que me llamó poderosamente la atención. Se trataba de una biblioteca, un espacio muy especial y difícil en su concepción, situada en el madrileño barrio de Fuencarral. Su arquitecto Andrés Perea, es uno de esos arquitectos con personalidad propia y una gestualidad de imprecisos límites que siempre concreta alta costura, arquitectura a la medida. La biblioteca recibió en 1998 el Premio de Urbanismo, Arquitectura y Obra Pública del Ayuntamiento de Madrid.

Biblioteca

Sobre un antiguo solar de planta trapezoidal situado en la cima de una ladera, la idea de una biblioteca como espacio necesariamente aislado, ajeno al tiempo y sus circunstancias; se materializa en un edificio rotundamente opaco, con fachadas de hormigón a las que se abren escuetamente algunos huecos, no tanto con vocación de mirar, sino como breves captadores de una luz difusa. Tres fachadas opacas, que resaltan la transparencia de una fachada principal deslumbrante, abierta y acristalada en una doble piel, tras la que se sitúa el gran vestíbulo de acceso mirando a la ciudad; como abriéndose a ella, con extraordinaria y cuidada ligereza, a través de un atrio urbano en el que -la gran escalinata- se identifica con cierto carácter ceremonial.

La firmeza de su volumen dimana de la inclinación de sus muros y el perfil troncopiramidal que proporcionan al conjunto macizo, compacto; horadado tan solo por un patio interior de geometría irregular, a modo de hendidura e impluvium al que confluyen las cubiertas del edificio. Patio abierto que es, en su derredor, un distribuidor interior acristalado al que se abren los cerramientos asimismo acristalados de las salas de lectura; en las que -con las mesas- se mezclan los anaqueles de libros. Dos hendiduras diagonales, rotundas; como talladas a cuchillo; proporcionan nuevos accesos de luz al interior del espacio, como necesaria condición de una biblioteca y a la que se suma la procedente de los óculos perfilados en los muros exteriores de hormigón.

Un espacio nada convencional, rico y sorprendente; que se descubre en cada rincón y con diversas perspectivas según la luz. Una caja de música, …como del edificio dijo su propio autor. Vayan a verlo.



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