FUNDACIÓN GINER DE LOS RÍOS

Efecto sorpresa. Así puede decirse del producido por los arquitectos madrileños Cristina Díaz-Moreno y Efrén García-Grinda, con su explosiva y fresca propuesta para la Fundación Giner de los Ríos, en la calle Martínez Campos. Un libérrimo ejercicio de imaginación, para abordar la rehabilitación de los restos materiales de la Institución Libre de Enseñanza.

De la primitiva ubicación -“una quinta en las afueras de Madrid”-, quedaba apenas el pabellón a la calle, que fuera asimismo residencia de Giner de los Ríos y otro cuerpo menor de arquitectura pintoresca en su medianera derecha, además de otras menores construcciones. Ambos, amalgamados en el predio de 2.000m2 y planimetría sensiblemente rectangular, que entonces fuera frondoso jardín; gravemente mutilado durante y con posterioridad a la guerra civil española.

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Recuperar un programa institucional actualizado al siglo XXI, con áreas docentes, administrativas y de reunión; comportaba no solo la rehabilitación de los viejos pabellones como referente histórico, sino el desarrollo inevitable de una edificación de nueva planta que hoy alcanza los 5.000m2.

Un enfoque intimista e introspectivo, rescata y valora el espacio libre interior, al que se abre la nueva edificación; con lóbulos que multiplican la superficie de su fachada interior acristalada, cubierta por una celosía de varillas metálicas cual urdimbre de un telar; en tantoGiner De Los Ríos - Detalle que la longitud completa de las medianerías, se ocupa con elementos de distribución y acceso a las aulas, abiertas hacia el jardín. Un cuerpo más alto con fachada a la calle, muestra con rotunda afirmación su singularidad en el frente urbano y deja un pequeño espacio intersticial con el antiguo pabellón, como punto de acceso.

Bajo el jardín y en la proyección de la nueva edificación, un heterodoxo salón de actos con auditorio igualmente lobulado, distribuye su graderío en varios sectores convergentes en el escenario. Auditorio al que se llega a través de una muy elaborada escalera exterior desde elmismo jardín. Los tersos y blancos acabados interiores persiguen captar la luminosidad procedente del jardín interior, incluso con el cerramiento trasero y acristalado del auditorio.

Esa doble y muy técnica piel exterior, que habla con velada transparencia de su contenido; plantea en su conjunto pliegues y quiebros en los distintos planos, que evoca un celofán envolvente de un misterioso regalo y cuya superposición genera un interesante juego de volúmenes.

En suma, una obra polémica por la radicalidad de su planteamiento que merece una visita para ser contemplada y vivida con atención.

 



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