MUSEO DE HISTORIA DE MADRID

El Museo de Historia de Madrid, instalado en el antiguo Hospicio de San Fernando en la calle Fuencarral, no solo guarda interesantes fondos sino que ha vivido recientemente un proceso de remodelación, actualizando el viejo y paradigmático edificio de Pedro de Ribera; con arreglo a planteamientos funcionales estrictamente museográficos y un discurso rabiosamente contemporáneo que armoniza perfectamente con el edificio, sin estridente protagonismo.

El magnífico edificio resuelto, en dos plantas y una bajo cubierta, ofrece una composición lineal con un claro eje de simetría que posiciona la escultórica entrada principal y seis huecos laterales por cada lado, que alojan dos entradas secundarias coincidentes con los torreones. Un revoco rojizo envuelve y protege las fábricas de ladrillo, haciendo destacar los recercados de granito entorno a los huecos y balconadas.

Con meridiana claridad conceptual, el proyecto de Rodríguez Frade aborda un reto nada fácil, para atender un extenso programa funcional que hoy responde -como en cualquier otro museo- a nuevos e importantes requerimientos. De fuera a dentro y desde la grandilocuente portada de acceso por la calle Fuencarral, el zaguán se orienta directamente a la capilla; que limita por su derecha con un patio parcialmente cubierto por una losa sobre esbeltísimos pilotis, que no toca el edificio original, dejando un espacio libre para la entrada de luz. De este modo se convierte en un vestíbulo y sala de exposiciones de gran escala; que permite apreciar la fachada posterior en toda su altura y asimismo el tambor de la capilla a través de los ventanales.

Un recercado de chapa en la guarnición de los huecos exteriores resalta sus perfiles y los pone en sintonía con la expresión contemporánea de la citada sala.

El espacio expositivo responde al esquema lineal del edificio, con salas que incorporan cielos rasos acústicos de madera curvada y distribuyen lateralmente una iluminación difusa. La plmuseo historia 2anta bajo cubierta queda asimismo iluminada por un lucernario longitudinal pegado al muro de la primera crujía, con parteluces que evitan el deslumbramiento y proporcionan sensación de continuidad al techo inclinado.

La idea, conceptualmente resuelta en dicho esquema, mantiene la centralidad de la gran escalera original e incorpora una de nueva creación que recorre toda la vertical del edificio y muestra unos acabados espléndidos.

Como en el Museo Arqueológico, Frade muestra así su atención en los detalles constructivos, perfectamente consciente del valor epidérmico de la arquitectura; lo que lleva a detener la mirada en cada rincón o en el encuentro de los pocos materiales con los que construye su potente y equilibrado discurso.

La fuente de la fama, en el patio del lado izquierdo de la capilla, parece esperar su conexión con los Jardines del Arquitecto Ribera que enlazaran la calle Beneficencia con la de Barceló, en un espacio abierto que enlaza con el grupo escolar contiguo al nuevo mercado del mismo nombre. En suma, un edificio que merece ser visitado por el doble interés de su contenedor y sus contenidos.

 

 



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